2015

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CuPeroqué es lo importante tante? ra más joven, sentíintentar sentíintentar cambiarpreocupación por todo lo que ocurría a mi alrededor. Todo lo quería combatir, era como una super heroína sin capa y sin poderes especiales. Todo me desquiciaba. Sobre cualquier tema quería opinar, dejando claro que yo no pertenecía a esa mayoría que piensa unineuronalmente y en masa.
"Borregos" pensaba... Con el paso de los años fue dejando de importarme. Supongo que el impulso cerebral en la adolescencia es más potente y difícil de controlar. Una vez pasada esa etapa, ya no tengo ganas de discutir con el mundo (bueno, a veces me vienen ramalazos de ira y escupo mi opinión sin mesura) pero no sé porqué se apagó mi ansia de rebelión. Podría pensar que es por el transcurrir inevitable de los años o también podría ser porque ahora me preocupo por asuntos más importantes que cuando era joven ni siquiera pasaban por mi mente... No sé. Tal vez una combinación de ambos. Años que corren y asuntos que requieren más atención que debatir y retrucar a todo cuanto se menea.

Pero ¿que es lo importante? ¿Acaso no merece la 

SUEÑOS DE OTRO MUNDO YA DISPONIBLE EN AMAZON






Después de pensar que jamás podría terminar nada de lo que empiezo, de creer que la inconstancia ganaría al tesón, que la pereza vencería al ánimo, que la impaciencia se llevaría la medalla de oro frente a la paciencia... 
Ahora resulta que ya he conseguido publicar mi primer libro, que aunque sea una recopilación de relatos cortos no os creáis que es más sencillo de hacer (y si lo pensáis, os animo a que lo hagáis :) ). 

Por supuesto en mi mente está aún presente la idea de terminar también las otras "novelas" que tengo empezadas tiempo ha y continuar con el proyecto de El Sueño de la Reina junto mi Lorenn, pero de momento poder estar aquí escribiendo esto, contándoos que he conseguido acabar algo (¡YUPI!) es una inmensa alegría para mí y me siento emocionada al máximo.
Es una satisfacción personal y un orgullo y sin duda me anima a seguir adelante con esto de la escritura. 

Aquí os dejo el enlace al libro por si os apetece leer el resumen y si os interesa, dadle al click para descargar ^.^


Me encantaría recibir las opiniones de los lectores y lectoras, pero sé que hay que ir despacio, pues la promoción es la parte más complicada de la auto edición. Así que, nada de prisas, paso a paso se hace el camino. 

Si queréis seguir las novedades, atentos a la página en Facebook:

A más ver queridos y queridas. Aquí os dejo la ilustración del Guía del Otro Mundo que os llevará por un peligroso sendero antes de que lleguéis más allá. ¡No te olvides de darle cuerda! 


Ilustración de la genia Lorenn Tyr <3
Sigue su trabajo por aquí:

¡¡¡Falta 1 día!!! Estoy emocionada porque mañana (si todo va bien) saldrá a la venta el primer libro que logro terminar (aunque sea de relatos cortos XD) Mientras tanto sigo en obras y tengo que lidiar con algunos asuntos que no son de mi agrado.
Nunca me ha gustado hacer resúmenes o descripciones, pero Amazon me la pide así que me he puesto a divagar y este es el resultado. ¿Qué os parece? 
Ahí va: 

<<Sueños de Otro Mundo es un libro que contiene cinco relatos cortos de terror con un toque surrealista y un sexto relato (cortesía de Lorenn Tyr) que no te dejará indiferente.
Adéntrate en otros mundos donde nada es lo que parece y lo que parece no es.
¿Te atreves a cruzar al otro lado? Aquí te dejo unas pistas para que consigas seguir el camino en el Otro Mundo. Permanece atento y no te duermas porque tal vez ya no puedas despertar.

Guía para el caminante:

TRAS LA PANTALLA hallarás SUEÑOS DE OTRO MUNDO que desearás no haber soñado. Ve con cautela y mantén los ojos abiertos (si es que puedes).

Ten cuidado con EL CRUCE DE CAMINOS, a saber qué extrañass apariciones puedes encontrarte en este lugar.

Antes tomar EL ÚLTIMO CAFÉ, escucha lo que TOMMY, EL QUE NUNCA DUERME tiene que contarte. ¿Querrás ayudarle o huirás despavorido?

Por último, nunca confíes en nadie durante el tiempo que dura este camino y mucho ojo con LAS MENTIRAS DEL DESTINO.


Disfruta del viaje y recuerda que como nada es lo que parece, te espera una grata sorpresa al "final" del sendero.
No sueltes la mano del Guía o vagarás sin remedio por el Otro Mundo>>.

Sueños de Otro Mundo



Faltan solo unos días para que el otro mundo llegue a Amazon... 

Mientras tanto, aquí os dejo un nuevo fragmento de uno de los relatos que forma parte del libro, titulado "El último café".
Donde nada es lo que parece... Y lo que parece, no es.
:)




¿Hay algún indicativo cerca de la calle Europa? —La emisora sonó para todas las patrullas que esa noche vigilaban el pueblo pero sólo una respondería a la llamada—. Repito, calle Europa. Informan de la llamada de una señora que dice que su marido ha desaparecido.
Aquíequipo Bravo, estamos a dos minutos de la calle Europa.
Recibido, es el número... piso tercero derecha.
Repita el numero, no se ha oído.
19. Confirmen equipo Bravo —dijo la voz en la emisora.
¡Lo sabía! —dijo emocionada Ana.
19, confirmado —dijo el conductor del coche patrulla—. Vamos para allá.
Ana lo miraba con ojos de emoción. Era su primera noche en el equipo Bravo. Ella solía trabajar en comisaría y como primera misión patrullando el pequeño pueblo de Livingstar le había tocado atender la llamada de una señora que vivía en el portal 19. ¡Oh, que demonios! Amaba su profesión y la casualidad.
Ya estás con tu locura del 19 —dijo Peter, su acompañante—. Te ha dado fuerte con el libro ese.
No lo digas como si fuese un libro cualquiera, es mucho más —respondió molesta.
Sí, sí, la Torre negra o ¿cómo era? —dijo Peter burlándose.
¡Oscura! —corrigió Ana de inmediato—. ¡La Torre Oscura!
Peter se rió. No entendía el amor que su compañera sentía por unos simples personajes de ficción aunque lo cierto es que desde que había contado lo del ‹‹número mágico›› ahora él no dejaba de ver diecinueves por todas partes.
‹‹Eso es porque ahora te fijas en ese número. Antes también estaban ahí pero tu no los veías››.
Fue la respuesta de Max, uno de sus compañeros, cuando le comentó que empezaba a ver diecinueves hasta en los sueños.
No te enfades mujer —dijo Peter cuando vio la cara de pocos amigos de Ana. Sabía lo importante que era ese libro para ella y sin embargo no podía evitar que le hiciera gracia esa obsesión—. Mira, ya hemos llegado.
Una señora los estaba esperando delante del portal 19, acompañada por otra mujer más joven. Cuando vieron que el coche patrulla se acercaba, las dos levantaron la mano con urgencia.
¡Aquí! —gritó la chica, mientras la pobre señora lloraba desconsolada.
Peter miró a Ana con una sonrisa pícara.
Ahí está tu dichoso 19.
Ella lo ignoró y bajó del coche dando un portazo.
Buenas noches señoras —dijo Ana dirigiéndose a las dos mujeres—. ¿Qué ha ocurrido?
Las dos empezaron a hablar a la vez y no se les entendía nada.
Calma señoras —dijo Peter—, de una en una. ¿Quién ha llamado?
Yo —dijo la señora más mayor—. He llamado yo, mi marido ha desaparecido y...
La mujer rompió a llorar de nuevo y la chica le pasó una mano por el hombro intentando consolarla:
Tranquila, ya está aquí la policía.
¿Es usted su hija? —preguntó Ana.
¿Quién yo? No, no, soy su vecina —contestó—. Me llamo Marta, vivo en el tercero derecha y ella en el izquierda.
Muy bien Marta, ¿puede explicarnos qué está pasando?
Ella ha venido asustada a mi casa porque no sabía que hacer, dice que su marido ha desaparecido.
Los dos policías asintieron con la cabeza. Que la señora pensaba que el marido había desaparecido estaba más que claro, ahora había que conocer los detalles de la supuesta desaparición.
La noche estaba refrescando, las temperaturas habían caído en picado y de un día para otro habían pasado de estar en un otoñó veraniego a un otoño invernal.
¿Le parece bien que subamos a su casa y allí nos cuente lo que ha ocurrido? —preguntó Peter aunque sabía que la respuesta iba a ser que si, la señora, que llevaba una fina chaquetilla, estaba tiritando.
¡Claro! —dijo enseguida.

Escribe, escribe... ¿Qué otra cosa queda?


Últimamente tengo muchas ganas de escribir. Escribir a todas horas, cualquier acontecimiento, cualquier idea loca que pase por mi mente ya me entran ganas de transcribirla al papel. Es una sensación maravillosa. Será porque no dejo de escribir y cuanto más lo hago más ganas tengo. ¡Genial!

Hoy, he recuperado tres pequeñas historias que escribí allá por el año 2010 o 2011 cuando trabajaba en un bar. Las tres son historias reales, con un poco de aderezo escritoril, claro :) 
Pero ocurrieron realmente y el personaje principal también existe aunque le he cambiado el nombre. Era (y es) un señor particular y con pensamientos alocados, dispersos y repetitivos. 
A pesar de darme bastantes quebraderos de cabeza, de algún modo siempre le estaré agradecida. Es por ello, (aunque sé que no lo leerá), que le dedico esta entrada con sus tres pequeñas historias.

¡Ay Pepín!



PEPÍN Y LOS PERIÓDICOS DE PLÁSTICO





Antes de empezar a narrar esta historia, quisiera decir que los periódicos que habitualmente leo suelen ser de papel. ¡No, por  si acaso!
Voy a relatar un suceso que aconteció en la tarde de ayer. Parecía un día como otro cualquiera, sin ninguna novedad a la vista, sin embargo, al final acabé aprendiendo una gran lección de vida: nada es lo que parece a simple vista.
Todo empezó sin saber muy bien como, cuando salió a relucir un tema que me dejó patidifusa y sorprendida.
-Mira este periódico -dijo Pepín cogiendo uno que estaba en la barra. Un periódico corriente. De papel, claro-. Si le echas agua encima le resbala, lo sacudes un poco y ¡hala! el agua ya no está.
-¿Qué dices? -pregunté asustada-. Eso es papel Pepín...
-¿Qué va a ser papel? -gritó-. ¡Es plástico!
-Bueno, bueno... -En ese momento creí que mi cabeza se había desprendido de mi cuello y rodaba libre por alguna parte del bar; no comprendía a Pepín y sus periódicos de ¿plástico?-. Los periódicos no son de plástico, sino de papel.
-¿Qué van a ser de papel?  Lo vamos a dejar ahí, no quiero discutir por tonterías -dijo Pepín enfadado y enrojecido, tal era su convicción de que los periódicos no podían ser de papel-. Si no me crees pues haz la prueba, échale agua y ya verás, el cartón si que la absorbe y se estropea, pero esto ¡es plástico! -Agitó el periódico delante de mí por si no me quedaba claro.
-Vale, vale -dije por decir algo-. Es plástico sí.
-Claro -dijo Pepín ahora contento porque le había dado la razón.
-¿Entonces esto qué es? -dije señalando una botella de agua de plástico.
No me contestó, él seguía con sus teorías sobre el plástico y el cartón. Tras lo cual el tema derivó en que su camisa estaba hecha de tela de paraguas, con lo que, ya podía llover a mares que jamás se mojaría.
-¿Es cómo un chuvasquero entonces? -pregunté.
-¡Qué va! Lo del chuvasquero es puliterano... O algo así, esto es como la tela de un paraguas he dicho -dijo tocando la tela.
Y yo por más que miraba la camisa, solo veía una camisa corriente y moliente, de las de toda la vida, vaya.
Al final llegué a la conclusión de que Pepín tenía razón. El periódico era de plástico y la camisa de tela de paraguas aunque yo no pudiese verlo.
Nada es lo que parece y lo que parece no es. ¡Ay Pepín! Que gran sabio.



PEPÍN Y LA LIBERTAD DE OMISIÓN



Estaba Pepín enfrascado en una cruel disputa debatiendo con otro personaje llamado Saban. No sé de que estaban hablando exactamente, a veces es mejor evadirse de determinadas conversaciones. En fin, Serafín.
El caso es que los dos son iguales de tozudos y cabezones, entonces no se acababan de poner de acuerdo.
Por fin Saban dijo:
-Yo digo lo que me da la gana, para eso esta el derecho de... ¿Cómo era? La libertad de... ¡Boh! ¿Cómo se dice? -me preguntó.
-¿Eh? ¿Libertad de expresión? -aventuré sin saber muy bien a qué se refería.
-Eso, eso... Pues yo tengo libertad de expresión y digo lo que quiero -sentenció Saban pero Pepín es un hueso duro de roer.
-Perdonad que os diga -dijo Pepín riendo-, pero no se dice libertad de expresión, sino libertad de omisión.
Saban no escuchó esto último y dando por terminada la discusión , se fue a echar unas monedas en una máquina que habla con acento cubano: ¡Sabrosura!
Yo me evadí también con los cánticos de la tragaperras, porque a veces, no sirve de nada decir nada, valga la redundancia.
¡Ay Pepín!


PEPÍN Y LA PIZZA DE SOPA Y LA PIZZA DE SOPA Y PEPÍN


Resulta que estaba un día Pepín narrando sus historias y de pronto y sin previo aviso:
-¿Probaste alguna vez la pizza de sopa?
Y yo pensé:
"Ahí va otra vez a contarme la anécdota de la pizza de sopa". 
Era como la quinta o sexta vez que me lo contaba, sin embargo, y quizás por el brillo de ilusión en sus cansados ojos, respondí:
-¡Qué me dices! ¡Pizza de sopa! -mi voz sonaba con un deje de retintín pero él no se dio cuenta.
-¡Sí, sí! -dijo sonriente-. Resulta que en un viaje que hice a Suiza, entramos en una pizzería y ¿a qué no sabes lo que había?
-¿Pizza? -pregunté sarcástica.
-Pizza de sopa -sentenció alegremente- ¡De sopa!
-¿Estaba buena?
-La verdad es que tenía sabor a queso, la sopa ni se notaba -dijo mirando hacia arriba-. Una pizza de sopa que no sabe a sopa ¡A quién se lo cuentes no te cree!
Ahí es cuando la desilusión se apoderaba de Pepín. Él que había creído que una pizza de sopa tendría que saber a sopa y resulta que nada de eso.
-Pero la sopa estaría cocida ¿no? -pregunté como ya había hecho en muchas ocasiones.
-¡Vaya pregunta! ¡Pues claro! ¡No iba a estar cruda!
-¡Ah, qué cosas! Una vez un  niño me preguntó si tenía pizza de pepinillos y es lo más extraño que me han pedido nunca. 
-De pepinillos tampoco es tan raro pero ¡de sopa! Eso nunca se vio.
Y así siguió Pepín contando sus inigualables aventuras, en las que él, por supuesto, es el protagonista.
Siempre cuenta la historia de la pizza de sopa y todas las veces que lo hace dejo que la repita sin decirle que ya me la ha contado, aún cuando ya me la sé de memoria.
A veces añade protagonistas, otras los quita, pero así es Pepín...
¡Ay Pepín!

Relato Corto. Terror.

Mientras sigo con los preparativos de Sueños de Otro Mundo, me divierto un rato escribiendo una mini-historia que hace tiempo escribí intentando asustar a alguien. Aunque no era así en su versión original sino mucho más corta. 





<<Todo empezó por culpa la lluvia de aquella noche. Llevaba veinte días con la ventanilla del coche estropeada. No subía, ni bajaba. Se había quedado atascada justo en el medio y aún por encima era la de mi lado, la del conductor. Bien podría haber sido la del acompañante o una de la parte trasera y puede que tal vez no hubiese ocurrido nada de lo que pasó después.

Nunca encontraba un momento para arreglar la dichosa ventanilla. Era verano y hacía calor por lo que la mayor parte del tiempo estaba bien que la ventanilla estuviese estropeada, al menos hasta aquella noche de lluvia torrencial. 

Venía del trabajo conduciendo por la autovía y de repente sin venir a cuento se puso a llover como si fuese el día del juicio final. ¡Qué manera de llover! Era increíble, en pocos minutos me empapé por completo por culpa de la maldita ventanilla estropeada. O más bien por mi culpa por no haberla arreglado antes.

Al día siguiente fui al taller de Marcus dispuesto a dejar el coche allí y tomar el autobús para llegar al trabajo pero gracias a mi mala suerte, resultó que el taller estaba cerrado porque Marcus se había roto una pierna el día anterior. ¡Qué casualidad!

Recordé entonces, que de camino  al trabajo había un taller "Reparo Todo" se llamaba y decidí que por cambiar una vez de mecánico en toda la vida tampoco iba a pasar nada. ¡Ah, craso error! Los cambios no  siempre son buenos. 

Dejé allí el coche y uno de los empleados se ofreció a llevarme al trabajo y venir a recogerme al terminar mi jornada, que la ventanilla ya estaría lista para entonces. Le dije que no era necesario, que podía llamar a un taxi, pero el chico insistió.

—Es lo mínimo que podemos hacer por nuestros clientes —dijo.

Y desde aquel día, la nueva ventanilla no ha dejado de decirme que debo hacer algo horrible. Dice que es mi cometido en la vida y que no puedo evitar hacerlo. Cualquiera diría que estoy loco por hablar con una ventana inerte pero ella está viva y me ha prometido el oro y el moro si hago lo que me pide. 

Así que, aquí estoy. En el coche, con un mapa de la ciudad en el regazo y esperando que salga la víctima perfecta. Según mi amiga la ventanilla, la primera persona afectada debería ser alguien ni muy joven ni muy viejo, por lo que he venido a McDonals recordando al tipo seboso que me atendió un día de mala manera. Debe tener unos cuarenta y tantos como yo. Una víctima óptima. Solo espero que no me reconozca y el plan se vaya al garete.

Por allí viene con su barriga bamboleante. He aparcado de manera que pueda verme cuando cruce la calle. Viene directo hacia mí.

—¡Disculpe! —grito para que pueda oírme y el tipo se señala a sí mismo.

—¿Yo? —pregunta acercándose, ya está pegado al coche.

—A ver si puede ayudarme buen hombre —digo ocultando mi rostro bajo la gorra que llevo puesta—. 

Estoy intentando llegar aquí —señalo un punto en el mapa— y no hay manera.

El gordo se ríe y me alegro de haberle elegido a él como primera víctima. Es muy odioso.

—Tienes el mapa del revés hombre —dice metiendo la mano dentro del coche para colocar el mapa.

La ventanilla se sube un poco pero no demasiado, no es el brazo el botín que quiere llevarse la condenada.

Hago el tonto y me río acompañando su risa de hiena.

—¡Vaya, qué tonto soy! ¿Verdad? —pregunto.

—Un poco sí —dice todo convencido mientras sigue con su risa.

—¿Puedes señalarme bien la carretera por donde he de ir?

Su brazo es tan corto como rechoncho y casi tiene que meter la cabeza dentro del coche para poder señalar bien en el mapa. Yo se lo aparto hacia la derecha con disimulo para que se meta más y más dentro. 

La ventanilla empieza a subir lentamente y el tipo no se entera, sigue entregado a darme instrucciones que ni siquiera estoy escuchando, solo quiero ver como se desenvuelve mi amiguita.

De pronto la ventanilla sube con un golpe seco y la cabeza del seboso cae rodando entre el mapa y mis piernas. El cuerpo se cae como en cámara lenta hacia la carretera y veo como alguien que en ese momento sale del McDonalds se pone a gritar. Es un grito genuino donde lo haya.

Cojo la cabeza del fulano por los pocos pelos que le quedan en la cabeza y la sacudo en el aire riéndome, parece que ahora a él ya se le han quitado las ganas de reír>>



Si queréis también podéis verla en Wattpad, de paso dejadme un voto si eso :)

   Ventanilla Macabra (Relato Corto) - (c) - Mónilka Feren

Nuevo fragmento de Sueños de Otro mundo 


Aquí os dejo un nuevo fragmento de uno de los relatos que forman parte de "Sueños de Otro Mundo" (próximamente en Amazon, no lo olvidéis ^.^ ).

En este caso, se trata del relato <<Tras la pantalla>> donde el querido Steve tendrá que hacer frente a unos sucesos un tanto extraños. 
(Aviso a navegantes: Steve es un poco mal hablado pero no se lo tengáis en cuenta).

Recordad, que si queréis saber como sigue este y los otros relatos, solo tenéis que esperar unos días. En cuanto esté preparado, os avisaré.

Manteneos en sintonia :)






"La maldita televisión insiste una y otra vez en que compre un ahuyentador de mosquitos y es cierto que no le vendría mal a mi asquerosa casa, pero ¡hombre! yo decidiré cuando comprar el cacharro ese de los demonios, que además vete a saber si funciona o es todo un engaño. Me pregunto porqué aún estoy viendo el dichoso anuncio si debe ser la cuarta vez que lo repiten.
Puto mongolo —me digo a mi mismo.
Son las dos de la madrugada de un viernes cualquiera y estoy dudando entre irme a dormir o seguir viendo la teletienda mientras bebo cerveza como si no hubiese un mañana. Dormir es igual de improductivo que ver la televisión a estas horas, con la diferencia de que al menos ver la tele me entretiene y la cama me recuerda la temida soledad.
Me imagino a mi mismo tumbado en la oscuridad de mi habitación con los ojos abiertos de par en par, incapaz de cerrarlos porque si lo hago aparecen los fantasmas en mi mente recordándome lo absurda y miserable que es mi vida.
La rutina del día a día se ha convertido en una enfermedad. Levantarme, ir a la oficina a hacer facturas que no me interesan, ver a compañeros que me odian y a los que odio; comer, volver a la asquerosa silla del trabajo que está consiguiendo que me vuelva un gordo seboso.
Facturas, facturas, cigarrillo, facturas, facturas, cigarrillo, facturas; de vez en cuando atender la llamada de algún tocapelotas.
El dinero no me satisface, me da igual que mi nómina sea alta, esto no es lo que esperaba de mí cuando tenía veinte años. Ahora, con casi cuarenta y cinco soy la porquería más grande que nadie podría imaginar llegar a ser. Sé que hay gente peor, como el rastrero de mi jefe, barrigudo y con problemas conyugales, pero al menos tiene una esposa a la que agarrarse en las frías noches, dos amantes y una empresa de venta de ruedas más o menos próspera.
Después del duro día en la oficina llego a casa a las ocho de la tarde, momento en el que meto la pizza congelada al microondas, espero tres minutos, me tiro en el sofá y empiezan las horas más alegres del día, comiendo como un cerdo feliz y bebiendo cerveza hasta sentir como la cabeza me estalla.
Hoy ni la cerveza consigue apartar de mi pensamiento la vida de mierda que llevo y que ni siquiera intento cambiar. ¿Para qué? Seguro que iría a peor.
Iré a dormir para empezar mañana un día lleno de estúpidas emociones. Sábado. El día clave. El día en que me afeito y corto el pelo en la peluquería de Daniel, es lo único que parece mantenerme atado al mundo real como si pasarme la navaja por el cuello me recordase que sigo vivo ¡coño!
Si por mi fuese, dejaría que el pelo y la barba me llegase hasta los huevos pero mi madre me llama cada sábado para asegurarse de que he ido a la peluquería. ¿Qué le importa a esa vieja desgraciada? 
Su llamada en lugar de alegrarme lo único que consigue es empeorar todo ¿Por qué no se muere de una vez y me libra de su estupidez galopante? Mi padre se fugó con una sueca y bien que hizo".






¡Buenas queridos y queridas! Hoy os dejo por aquí el único Fanfic que he escrito en mi vida escritoril y como no podía ser de otro modo de un libro del maestro Stephen King.

Es uno de mis libros favoritos (también el de él, me consta).
Mucha gente dice que sólo es un libro autobiográfico y dedicado a su esposa pero yo pienso que es mucho más.

Es una historia diferente en un mundo aparte, un mundo salido del pensamiento del escritor: Boo`ya Moon, un refugio donde esconderse del mal rollo.

Stephen King logra que los sentimientos de Lisey por Scott traspasen las páginas del libro. Y debes Ponerte las Pilas Cuando Consideres Necesario (PPCCN) para salir a buscar a tu verdadero amor, para salvarte a ti mismo y librarte de los temores que se esconden tras la cortina violeta. El amor de verdad, aquel que no te abandona ni siquiera tras la muerte.

"Algunas cosas tienen que ser ciertas porque no les queda otro remedio"

DÁLIVA, FIN.

^.^

(Si queréis ver más escritos míos en Wattpad a parte de este fanfic, seguid este enlace ).




Ilustración creada por Lorenn Tyr. 

EL LAGO AL QUE TODOS ACUDIMOS A BEBER
No había vuelto a entrar al estudio de Scott desde su último viaje a Boo'yaMoon y de eso hacía más de tres años. Ahora, con la mano en el picaporte, se preguntaba a sí misma qué estaba haciendo allí; tal vez la conversación con Amanda le había afectado más de lo que creía. Conejito Manda se marchó enfadada cuando Lisey se negó a continuar hablando de un tema que ya era agua pasada. ¿Amanda había vuelto a viajar por su cuenta y riesgo? ¿Acaso su hermana había insinuado que Scott se le aparecía en sueños otra vez?. Eso era imposible, el asunto ya estaba zanjado. ¿O no?
‹‹Es hora de actuar babyluv, ponte las pilas››.
La voz de Scott resonó en toda la estancia y Lisey giró el pomo con rapidez buscando refugio en el despacho, escondiéndose de la voz de su marido. No debería escucharla ¿por qué había vuelto?
Cerró la puerta tras de si apoyándose en ella y pensando qué hacer a continuación. La voz de su difunto marido se había apagado hacía tiempo al igual que los viajes de un mundo a otro y los sueños vívidos montada en un saco de harina. Todo. Sin embargo, ahora volvían a sonar sus palabras y era hora de ponerse las pilas, pequeña Lisey. Miró alrededor. Las estanterías vacías seguían en el mismo sitio ajenas al paso del tiempo, acumulando polvo. Los muebles permanecían allí donde los había dejado, lo cual era lógico pues en este mundo el mobiliario no camina, tal vez en Boo'ya Moon si.
Caminó unos pasos insegura, temerosa de que desde algún rincón algo
o alguien—
se le apareciese de repente. ¿Tal vez un chaval larguirucho?
‹‹Calla Lisey›› se dijo. Con cada paso que daba la moqueta emitía un sonido extraño. Había agua bajo la moqueta. Mucha agua. Lisey se acercó a un mueble que reposaba apoyado en la pared y observó cómo el agua brotaba de uno de los cajones como si de una pequeña catarata se tratase; el cajón estaba entreabierto y de él asomaba una tela que Lisey reconoció a simple vista. La colcha afgana de la buena de Ma. Su ancla. Esa que le había impedido esfumarse durante todo ese tiempo rumbo Boo'ya Moon, la misma que había traído empapada de agua del lago tras el último viaje.
El lago al que todos acudimos a beber.
Lisey tiró de la colcha y cerró los ojos incapaz de pensar en nada, la sensación de estar desvaneciéndose acudía a ella y multitud de olores indescriptibles empezaron a filtrarse en sus fosas nasales. Apenas pudo reconocer ninguno, había pasado tanto tiempo...
Cuando abrió los ojos una resplandeciente bola naranja le dio la bienvenida. Era de día en Boo'ya Moon y eso era algo bueno, según recordaba.
¡Lisey! —murmuró una voz conocida a sus espaldas—. ¡Rápido! ¡Debes ir al lago!
Se giró mirando a todas partes pero allí no había nadie, tan sólo el bello campo de lilas.
¿Por qué me ha traído hasta aquí el ancla? —preguntó enfadada alzando los brazos—. ¿Por qué? ¡Esa no es su función! ¡Su función...
¡Corre! —gritó la voz interrumpiendo sus palabras.
¿Amanda? ¿Qué... —empezó a preguntar pero se detuvo al escuchar los aullidos y risas que provenían del bosque de las Hadas. Echó a correr hacia allí ya que si quería llegar al lago no le quedaba otro remedio que cruzar, aún cuando los reidores habían empezado a carcajearse y eso no era buena señal.
Corrió sin mirar atrás con la sensación de que algo la perseguía. El corazón latía desesperado a punto de estallar pero no se detuvo, debía llegar al lago. Allí estaría a salvo.
Cuando llegó a la gran Roca Gris se paró un segundo a respirar y miró al cielo dispuesta a rogar a algún dios que le diese el aire que le faltaba, pero cuando alzó la vista y no vio más que negrura echó de nuevo a correr. No sabía en qué momento había oscurecido ni porqué no se había dado cuenta. No importaba, Boo'ya Moon no era un lugar seguro por la noche.
El chaval larguirucho, apodo que le había regalado Scott, le dio la bienvenida al lago, ese lugar antes seguro. Allí estaba, tan alto como los árboles que Lisey había dejado atrás, tan ancho como un larva gigante, tan negro como la oscuridad misma.
El larguirucho parecía contento, se bañaba ocupando casi toda el agua que Lisey podía ver. Bajo él, nadaban unas extrañas criaturas parecidas a peces pero del tamaño de personas, sus bocas abiertas parecían reír aunque sin dientes ya que la oscuridad era total en esa parte de su cuerpo.
El chaval larguirucho se fijó en Lisey mirándola con su enorme y único ojo y se echó a reír. Sus carcajadas hicieron vibrar el agua del lago y en la boca de aquel monstruo Lisey distinguió cuerpos inertes, las mismas personas que habían estado en las gradas mirando las alceas. Su propia hermana Amanda, devorada por aquel ser inmundo.
¡Conejito Manda! —gritó.
Y continuó gritando cuando se halló de vuelta en el estudio con la colcha afgana entre las manos todavía mojada del agua del lago al que todos acudimos a beber.
Durante los días que siguieron a la pérdida de su querida hermana, Lisey intentó regresar a Boo 'Ya Moon sin éxito. Se aferraba todas las noches a la colcha afgana esperando despertar bajo la gran bola de luz anaranjada y el olor floral inundando sus sentidos. Nada de esto ocurrió.
Amanda había convocado a Lisey por última vez antes de ser devorada por el chaval larguirucho. La voz que Lisey había creído reconocer como la de su difunto marido era en realidad la de su propia hermana llamándola desde el otro lado.
Un día Lisey decidió deshacerse de la colcha dando toda esperanza por terminada. Cuando se dirigía al cubo de basura de la entrada de la casa que había compartido con el bueno de Scott, un reflejo en la ventanilla de su coche llamó su atención.
Lisey se acercó agarrando con fuerza la colcha afgana como si ésta le diese el valor que le faltaba pero no vio más que su propio rostro reflejado allí. Hacía mucho tiempo que no temía mirar a los cristales y espejos, el larguirucho había desaparecido al igual que su hermana Conejito Manda y su escritor favorito, amante y amigo Scott Landon.
Lisey tiró la colcha y cerró la tapa del cubo con furia mientras una lágrima solitaria rodaba por su mejilla derecha.
Pasó de nuevo ante su coche y miró sin temor el cristal de la ventanilla, no esperaba ver lo que vio. Allí estaba de nuevo el chaval larguirucho, mirándola con detenimiento.
Te cogeré pequeña Lisey —susurró—, te veo.




Pues aquí os dejo el fragmento de otro de los relatos incluido en Sueños de Otro Mundo , titulado "Tommy el que nunca duerme".

A este relato le tengo especial cariño, porque está inspirado en una historia que escribí hace mucho, mucho, pero que mucho tiempo y aunque ha cambiado bastante respecto al original, el título y la esencia de Tommy sigue conservándose con el paso de los años.

¡Espero que os guste!

Permaneced atentos para saber como continúa :)



 —Es la tercera vez que me mudo en dos años —digo con voz lastimera, espero sonar lo más convincente posible. Hablo por teléfono móvil desde la cocina de mi nueva casa. Con una mano sostengo el móvil pegado a la oreja y en la otra tengo un sándwich de mantequilla de cacahuete a medio terminar. Me encantan estos placeres tan mundanos, ya había olvidado el sabor de la mantequilla de cacahuete.
Al fin me he decidido a ayudar a Tommy. Su insistencia ha dado resultado y aquí estoy. Es un testarudo pero en el fondo es buen chaval.
¿Quiere decir que el fantasma viaja con usted, señor Ford? —pregunta la mujer al otro lado.
Eso parece sí. Puedes llamarme Joe —replico intentando ganarme su confianza.
De acuerdo Joe pero si es un fantasma recurrente será más difícil y eso conlleva otros detalles, no sé si me entiendes.
¿Más dinero?
Tommy tenía razón, su farsa se huele desde lejos.
Sí —responde y hasta puedo notar como sonríe para sus adentros.
El fantasma es muy pero que muy recurrente, sí —digo paseando por la cocina maravillado por los grandes ventanales que permiten que la luz natural ilumine la estancia. Cuanto extrañaba esta luz tan brillante y blanca. Allí está el recurrente Tommy, sentado en el bordillo de la piscina con los pies a remojo y como siempre, sonríe; no sé que es lo que le hace tanta gracia, desde luego si yo tuviese su cara y su cuerpo no encontraría motivos para reír. La sangre reseca apenas se ve, ya que todo él es como un tizón negro por las quemaduras que sufrió en el accidente. Dejo el sándwich en la encimera y lo saludo agitando la mano pero Tommy no me devuelve el saludo. Es un maleducado aunque bien mirado, tampoco tuvo la oportunidad de recibir demasiada educación—. El dinero no es problema pero es un fantasma un poco tímido, no se presenta ante extraños así como así.
—Lo haré salir —dice la tipa con seguridad absoluta. ¿Será que se cree sus propias mentiras?
No lo dudo —lo digo con tanta ironía que puedo sentir como la medium frunce el ceño con desconfianza. Seguro que piensa que está hablando con alguien que pretende desenmascararla y de hecho, está en lo cierto.
[...]
Hoy os traigo un fragmento del relato incluido en:
Sueños de Otro Mundo ,
titulado "Las mentiras del destino" 
Si queréis saber cómo sigue, no perdáis de vista esta fecha en vuestros calendarios:

19 Noviembre 2015

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Espero que os guste :)


Espera Bill —dice el señor Watson.
Me detengo ante la mesa del profesor mientras mis compañeros salen del aula mirándome de reojo y aguantando la risa. Charly me mira preocupado como diciendo:
‹‹¿Qué has hecho?›› y me encojo de hombros porque no tengo ni idea de qué he hecho mal a parte de no prestar atención, aunque eso es algo habitual en mí, suponía que los profesores ya estarían acostumbrados a eso.
Se ve que no.
Y aquí estoy, dispuesto a escuchar el sermón del señor Watson, la cháchara incesante de todos los años.
No soy ningún cerebrito, me aburro en la mayoría de asignaturas y si he llegado a segundo de bachiller es porque no se puede repetir los cursos más de dos años (o algo así). Siempre me imagino a mi mismo con cuarenta años en esta misma clase, eternamente en segundo de bachiller, pero sé que eso no es posible y cuento con poder librarme algún día de esta pesadilla.
Los profesores insisten en que no estudio porque no me da la gana y no les voy a quitar la razón. Todos coinciden en que solo me esfuerzo para la optativa ‹‹Técnicas de expresión escrita›› que elegí el año pasado y también para este curso, con la profesora Lidia.
Y no les voy a quitar la razón. Dicen mis queridos maestros que podría tener sobresalientes en todas las asignaturas si pusiese solo la mitad del interés que le pongo a esta asignatura, pero no lo puedo evitar, mi mente huye horrorizada de las ciencias y las matemáticas. A mí lo que me fascina es inventar historias y si no puedo inventarlas, leerlas. En mi ordenador tengo muchos relatos a medio terminar, mi inconstancia y pereza ni siquiera me dejan hacer lo que se supone que más disfruto haciendo: escribir. He llegado a pensar que escribir no es lo mío, que es mejor que me ponga las pilas en los estudios y a pesar de ello, no consigo hacer ni una cosa ni la otra. Tal vez la excusa a la que más recurre mi cerebro es que nadie me apoya en lo que hago y por eso no termino nunca lo que empiezo.
‹‹Excusas del inconstante››, podría ser el título de un nuevo libro de auto ayuda pero será mejor que lo escriba otro porque si lo hago yo nunca verá la luz.
Mi amigo Charly ni siquiera sabe que escribo porque no se lo he dicho, tengo miedo de que se ría de mí y conociéndolo seguro que lo hace. A mi hermana Eva hasta el vuelo de una mosca le interesa más que mis relatos, un día intenté que leyera uno y por poco lanza mi ordenador por la ventana, así de maja es ella.
Mi padre está demasiado ocupado en su puesto de director en la mayor empresa informática del pueblo, la famosa ‹‹Hadrones 3,0›› y por la cual nos mudamos de la ciudad aquí hace más de cuatro años, a algún listillo se le ocurrió que la tranquilidad de un pueblo es fantástica para instalar la sede de una multinacional. Mi madre tiene suficiente con aguantar a los niños y niñas de la guardería donde trabaja como para aguantarme a mí también.
Con este panorama, (aunque mucha de la culpa es mía, lo reconozco) he terminado convirtiéndome en un tipo de veinte años que pasa el día entre el instituto y la habitación. A veces salgo con Charly a dar una vuelta en bici, pero él se junta con otros que yo no soporto, especialmente Martin con el que termino discutiendo por cualquier tontería, así que más bien me dedico a leer libros de Stephen King (Tito King para los amigos) y ser su lector constante más fiel (para esto sí soy constante) y además juego a Minecraft en el ordenador, mi personaje Morris nunca me echa nada en cara, aunque tampoco me anima a escribir dicho sea de paso, sólo a destruir lo que otros construyen.
Apenas falta un mes para terminar el curso y que comience el verano. El pueblo se queda vacío porque la mayoría de vecinos se van a la costa a disfrutar de la playa, mi playa, sin embargo, será mi habitación como todos los años, con el aire acondicionado a tope y el ordenador echando humo con mis construcciones de Minecraft. Me pregunto porqué insisto en llevar una vida tan miserable y aburrida cuando tengo a mi alcance los recursos económicos para hacer lo que me apetezca.
Costumbre, supongo.
El señor Watson me mira por encima de las gafas desde su mesa de profesor y una sonrisa se dibuja en su rostro.
No te preocupes Bill —dice y se levanta paraa cerrar la puerta.
No estoy preocupado —respondo.
El señor Watson hace un gesto con la mano:
‹‹Ya, ya, eso dicen todos›› parece querer decir y se pone a rebuscar en su maletín. Saca un libro con unas tapas tan antiguas y llenas de polvo que es como si hubiese ido a buscarlo a la mismísima biblioteca de Alejandría.
He hablado con Lidia, tu profesora favorita —dice el señor Watson con recochineo y le da por reír, las gafas le bailan sobre la nariz.
Lo miro fijamente para que se dé cuenta del ridículo que está haciendo pero el hombre ni se inmuta.
No es mi profesora favorita —replico.
No estás preocupado, no es tu profesora favorita... —canturrea sentándose en la silla—. Te encuentro muy negativo hoy ¿eh?
Alzo las cejas restando importancia a su comentario.
¿Qué es? —pregunto señalando el libro.
Es un libro —dice y me dan ganas de ponerme a palmotear como una foca para señalar la obviedad de su respuesta. Me contengo, no estaría bien hacer eso—. No un libro cualquiera como los que siempre llevas contigo.
Gira el libro hacia mi para que lo vea mejor y le sopla esparciendo el polvo por el aire.
—‹‹Te elijo a ti›› —leo en voz alta el título—, suena interesante ¿lo es?
Puede que sí, —se levanta y pone el libro en mis manos—, puede que no. Eso depende del modo en que lo uses.
Abro el libro con cuidado de que no pierda la cubierta y el título aparece de nuevo en la segunda página; nada más, ni rastro del autor o autora, ni editorial o año de publicación, el resto de las hojas (extrañamente nuevas en comparación con las tapas) están en blanco.
Existen ciertas maravillas que no pueden ser contempladas a simple vista —dice el señor Watson por encima de mi hombro, puedo oler su aliento apestoso, una mezcla de tabaco y chicle de menta reseco. En su boca se dibuja una sonrisa que expresa cualquier cosa menos alegría—. ¿Cómo de grande es tu curiosidad Bill?
Tamborilea con los dedos encima de la mesa esperando mi respuesta y me parece todo tan surrealista que lo único que se me ocurre hacer es cerrar el libro y meterlo en la mochila.
Gracias, hasta mañana —digo y me voy hacia la puerta convencido de que el señor Watson tirará de mi mochila obligándome a observar su sonrisa macabra hasta el fin de los tiempos pero nada de eso sucede y el profesor se despide con un seco:
Adiós.
[...]

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